Sutil

Víctor Grippo

26 de febrero al 16 de abril 2026

No hay nada más real que una papa 

Mientras pasan los años la idea de lo “real” va cambiando. A veces se aproxima a lo descriptivo, a veces a lo psicológico, la pandemia nos ha demostrado que puede volverse virtual. En todo caso, si nos interesa hacer el ejercicio, o tomar el desafío epistemológico de capturar la definición fluctuante a la que el realismo nos tiene acostumbrados, podemos prestar atención a la obra de Víctor Grippo (Junín 1936 – Buenos Aires 2002). Una obra que se actualiza como si fuera un oráculo al que se puede volver cuando los relatos del mundo y de la ciencia no pueden dar respuestas.

La fuerza de trabajo, la invocación de los oficios traídos por la inmigración, la transformación del alimento, los materiales y la energía, la alquimia, el despertar de la conciencia, la química de lo afectivo, la potencia de lo comunitario y el diagrama, EL DIAGRAMA, como la semilla donde se gesta la idea y, sobre todo, como figura anticipatoria y predictiva, siempre descubren algo más para decir: en la obra de Grippo todo aquello que fue descripto y analizado como arte conceptual se vuelve cada vez más real.  

Al ver el conjunto de obras que realizó Grippo a los largo de cincuenta años lo primero que se puede intuir es que no hay etapas en su obra: hay puertas que se abren y que nunca se cierran. Las primeras producciones, en los 50s y 60s, son dibujos, pinturas y litografías que van pasando de lo figurativo a lo geométrico. En los 70s emerge el Víctor Grippo llamado “padre” del arte conceptual latinoamericano, específicamente la serie de obras sistémicas Analogía en las que se emplean papas para construir circuitos electrónicos, su exhibición Algunos oficios: instalaciones en torno al trabajo y, hacia finales de la década, con las “valijitas” transparentes que también contenían elementos del ecosistema oficios. No hay etapas en la obra de Grippo: hay puertas que se abren y que nunca se cierran. Los 80s, aunque comienzan con su obra “Vida, Muerte, Resurrección”, es una década que se va a caracterizar por sus cajas de madera pintadas de blanco donde se consolida su visión en la poética de los materiales. Plomo, plomadas, grafito, material orgánico, madera, hilo y yeso, sobre todo yeso blanco y pintado son algunos de los elementos que configuran esos paisajes concretos. La década de los 90 es la de las mesas. A la “La comida del artista”, le siguen diferentes instalaciones con mesas que reproducen citas de autores y poetas o que representan, cómo no, diferentes espacios de trabajo obrero: “Mesas de trabajo y reflexión” en La bienal de la Habana, “La intimidad de luz en St. Ives”, “Mesa de albañil”, “Mesita del Carpintero Bogado”, son algunas de las tantas mesas.

Al mismo tiempo Grippo seguía haciendo dibujos, diagramas, trabajando con papas en su estudio laboratorio, haciendo cajas blancas, escribiendo, pintando, convirtiendo a sus muebles en instalaciones domésticas. Porque no hay etapas en la obra de Grippo: hay puertas que se abren y que nunca se cierran. En los 2000 llegamos a su última muestra donde se ve la predominancia del blanco, pero no es simplemente el blanco como color, es el blanco mineral del yeso. Como si estuviera purificando los espacios con sus obras que emanaban un aura, una luz. Algunos de esos trabajos son los que les mostramos hoy, aquí, en FAN bajo el nombre de Sutil, justamente como llamó a una de sus obras. El vínculo con el yeso, para Grippo, es un vínculo parental. Su padre, también llamado Víctor, también escultor, solía llevarle yeso para que jugara e hiciera esculturas, tal como en la actualidad damos plastilinas de colores a los niños. Así desde el inicio hasta el final el polvo, el yeso y lo mineral acompañan la obra de Grippo como el calcio que, originado en explosiones del espacio estelar a millones de años luz, hoy forma parte de nuestros huesos.

Carlos Godoy

Premoniciones poéticas

Las hojas blancas con obras blancas sobre paredes blancas en una ciudad blanca con sus seres también blancos, fantasmales, rígidos y anónimos como monumentos sin rostro contrastan con el barro de la llanura en la que es posible ver… nada. Hacer del vacío una forma fue el desafío conceptual del pensamiento argentino. A partir de entonces, un lento proceso de (de)construcción. El empleo sistemático de la plomada para trazar las líneas de los edificios hizo viable la arquitectura sobre la cual se forjó nuestra ciudad letrada, el origen de la “civilización” que hundió sus cimientos en la “barbarie”. Adentrarse en la obra de Víctor Grippo es adentrarse en la materia prima y en la fuerza de trabajo que dio origen a nuestra tradición. No para intentar desentrañar un nudo sino para señalar su tracción, en la medida que seguimos sujetados por sus premisas. Aquel punto donde la cuerda está siempre a punto de cortarse y, como la espada de Damocles, caer sobre nuestras cabezas.

Ante una nación escindida, atrapada entre el vacío y la forma, Grippo trabaja imaginando una síntesis precaria donde cultura y naturaleza no se anulan sino que se tensionan productivamente. Su cuerpo de obra es un trabajo antropológico que ahonda en el mito, la contradicción y los anhelos a través de sus materiales más básicos, de sus fundamentos. Mediante ensayos y artefactos filosóficos desanda la historia, peinándola a contrapelo en busca de los pasos perdidos. Antes de que el positivismo de la ciencia conceptualizara la naturaleza a su imagen y semejanza, prima lo vegetal en su desenfreno como pura potencia. El devenir fuerza de aquella energía. Y al principio de todo, o al principio de la historia contada – de una narración que en su origen fue hegemónica – está el campo, la llanura, el cultivo, la siembra, la papa. El extractivismo colonialista vio ahí su sustento. La fuerza bruta servida por la tierra casi en bandeja.

“El arte –escribió Grippo– descubre las relaciones ocultas o encubiertas. Si una de mis obras redescubre la capacidad energética de la papa, de ese alimento tan común, que se ingiere casi sin verlo porque no hay un día sin papa en cualquier habitante del planeta, es porque intento proveer de una imagen totalizadora que destruya o debilite esa especie de ceguera que la ha vuelto casi invisible para la mayoría”. Lo que se revela lo hace desde lo doméstico y lo cotidiano, contra la invisibilidad alienada de la percepción. También desde una sonoridad reiterativa y cacofónica: papa, pan, piedra, plomada. El despliegue de su dasein nos fuerza a mirar las cosas que nos rodean desde otro lugar, con la ostranenie que promulgaba el formalismo. Así los objetos y sus usos retornan, como lo reprimido que insiste, para ahora, tal vez, liberarse del dominio de la conciencia e instalar una suerte de soberanía de los materiales. Esta exposición es su reinado. O mejor dicho la imaginación de lo que pudo ser, de lo que permanece como potencia a la espera de desencadenarse.

En los bocetos se evidencia el sutil mecanismo con el que Grippo desarma las relaciones constituidas culturalmente para proponer nuevas conexiones que ensambla mediante cableados y electrodos. Con cierta desfachatez recurre a un crisol de dispositivos museísticos o de laboratorio, cajas, vitrinas, acuarelas, cuadros y papeles. La química y la alquimia traen lo ancestral y rudimentario al presente del arte contemporáneo. Al cubo blanco. Blanco sobre blanco como una avalancha de sentidos que envuelven la palabra con silencio para señalar lo que el discurso calla porque no puede nombrar, o mejor dicho, porque fracasa en sus múltiples y continuos intentos de decir. Por eso su obra es más poética que narrativa. Sensorial, intuitiva y llena de imágenes en la que predominan los objetos como metáfora del ser humano, con el intento de conducirnos hacia una estética de lo posthumano y trascender los binarismos de la cultura en pos de una (con)fusión alucinada.


Sol Echevarría

PRENSA

Tiempo es la obra central del conjunto, el umbral que permite acceder al universo más íntimo y poético del artista, data de 1991, y en FAN se presenta su reconstrucción y tercera versión, que consiste en cuatro papas, electrodos de zinc y cobre, cables eléctricos, un reloj digital y un texto mecanografiado de Demonios, del escritor ruso Fiódor Dostoyevski. Es un breve diálogo en el que Stravroguin dice que el ángel jura que en el Apocalipsis que no habrá más tiempo y Kirilov le responde que “cuando todo hombre haya alcanzado la dicha, entonces no habrá más tiempo, porque no será necesario. (…) el tiempo no es un objeto, sino una idea. Se extinguirá de la mente”. Nota de Julio Sánchez Baroni para revista Ñ, CLARÍN

En el espacio de FAN, se exhibe una obra de Víctor Grippo realizada en yeso pintado, nácar, porcelana y madera, una de las últimas que estaba creando antes de su muerte. En esta pieza, el artista vuelve a explorar lo esotérico y místico. La muestra incluye también dibujos, bocetos y acuarelas, así como la tercera versión de Tiempo, donde una serie de papas conectadas a electrodos activan un reloj digital, reflejando la fascinación del artista por la energía del tubérculo. Nota de Marina Oybin para LA NACIÓN

Una joyita escondida en una galería del microcentro, tres papas blancas, de similar tamaño, conectadas por cables y exhibida en el local de una galería comercial. Es una obra de Víctor Grippo, padre del arte conceptual argentino y que forma parte de una pequeña exhibición dedicada al artista en la galería FAN, que forma parte del proyecto Central Affair, el grupo de galerías que se estableció en la Galería Larreta hace ya casi dos años. Nota de Belén Papa Orfano para CLARÍN CULTURA

Espacio FAN presenta “Sutil”, la obra conceptual del artista argentino Víctor Grippo (1936–2002), curada por Sol Echevarría y Carlos Godoy. La muestra resalta los temas recurrentes de Grippo: la tierra, el trabajo y el poder transformador de materiales cotidianos como la papa y el plomo. A través de objetos, dibujos y diagramas, la exposición explora la interacción entre materia, energía y conciencia, reflejando la visión de Grippo de un arte con resonancia social y política. “Sutil” nos recuerda que, en sus palabras, “no hay nada más real que una papa”. Nota de Violeta Méndez para ARTE AL DÍA.

Los cruces permanentes entre arte y trabajo que propone la obra de Víctor Grippo hacia al final de su vida se condensan en la intimidad del taller y en la corporización de las herramientas laborales como una obra en sí misma. Ver a un Grippo poco conocido en espacio FAN propone una actualización de la obra del artista al reencontrarse con un público joven que solo tiene la oportunidad de verlo en pocos museos del país y en piezas aisladas o en presentaciones colectivas. Sutil de Grippo en FAN invita a ver, valga la redundancia, las sutilezas de una artista reconocido en la intimidad de un universo muy personal. Nota en ARTECONECTADOS.

Sutil es un conjunto de obras poco conocidas del artista. La selección, bajo el cuidado de los curadores Sol Echevarría y Carlos Godoy, incluye una serie de cajas blancas donde prima el trabajo con el yeso, acuarelas, dibujos, esquemas y diagramas que forman parte de la cocina del artista. Guía de arte y cultura en INFOBAE.

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